viernes, 2 de diciembre de 2011

EL DUEÑO DE LA HISTORIA NO LOS PERDONARA Dr. Oscar Elías Biscet

“Ave imperator, morituri te salutant” (1). No sé por qué cuando preparaba los temas para la comprensión del desafío político masivo no violento por la base, evoque esta frase recogida en el libro “Las vidas de los Doce Césares” de Suetonio.

No obstante antes de terminar mi trabajo cívico tenía una idea clara de su relación con el autócrata Fidel Castro y su formación dentro de la Iglesia Católica Cubana. Empero deseo aclarar un equívoco respecto a esta expresión latina antes de exponer mis criterios sobre el dictador y la Iglesia Católica.

Muchas personas, incluyendo a algunos intelectuales, confunden la frase mencionada con otra mucho más celebres en honor a Julio César. Los gladiadores antes de comenzar la ceremonia de combates pronunciaban la siguiente expresión: “Ave, Caesar, morituri te salutant” (2).

Ahora bien, aunque ambas frases exponen el mismo contenido y pudiera confundirse el sujeto, en realidad este último es diferente. Observemos con detalles que se dice “imperator” y “Caesar”, o sea “emperador” y “Cesar”.

Por otra parte, este último sustantivo era el nombre de Julio Cesar que sus sucesores y, años más tarde, sus herederos tomaron como “Título” al fundar el Imperio Romano.

Si bien, a partir del año 27 a. C., este Título romano estaba ligado a la figura del emperador; la frase “Ave imperator, morituri te salutant” no es una invocación al dictador romano Julio Cesar sino al emperador romano Claudio, que gobernó (41-54 d C.) como el cuarto emperador de la dinastía Julio-Claudia y el primero nacido fuera de la Península Itálica (3).

Además la referencia no procedía de los gladiadores sino de los condenados a muerte que iban a participar en una Naumaquia (4) en la celebración del drenaje del lago Funcino en el año 52 y se expresaron así, en esa única circunstancia y en especial, al emperador (5).

Una vez aclarado el interesante gazapo histórico, abundaremos en Cayo Suetonio Tranquilo, comúnmente conocido por Suetonio.

Este ilustre personaje era historiador y escritor, relacionado con los emperadores romanos Trajano y Adriano y trabajó en la burocracia imperial. En el tiempo de Trajano como Superintendente de las bibliotecas públicas y responsable de los archivos. Después trabajo como secretario del emperador Adriano, hasta que cayó en desgracia y fue expulsado de la corte en el año 122.

Su vida privada la consagró a la labor literaria. Por su antiguo puesto tuvo acceso a la correspondencia del gobierno lo que le facilito hacer sus obras con información de primera mano y con carácter veras. Sus escritos más importantes son: La vida de los Doce Césares (De vita Caesarum) y Sobre los hombres ilustres (De viris illustribus). El prestigio de Suetonio es vasto en la literatura. Influyo profundamente en literatos como Eginardo, en su obra Vida de Carlomagno; Shakespeare, en su tragedia Julio César; y Robert Graves, en su novela Yo, Claudio.

Suetonio nació y murió (70-140) en la ciudad romana de Hipona, también llamada Hippo Regius en los tiempos de la Antigua Roma; actualmente Annaba, en Argelia. Esta ciudad pertenecía a la provincia de África del Imperio Romano. El emperador Adriano acuñó monedas con su imagen e inscribió el nombre de esta provincia que, con el paso del tiempo, cedió su nombre al continente África.

La urbe fue un centro de difusión del cristianismo, existían cuatro monasterios y se celebraron tres concilios. Se distinguieron siete obispos en Hipona, entre ellos Teógenes, Fidentius (ambos mártires), Leontius Valerio (que ordenó a San Agustín) y el mismo Agustín.

San Agustín de Hipona, nació en Tagaste, provincia romana de Númida; en 354. Es el más grande de los Padre y uno de los más eminentes Doctores de la Iglesia Cristiana. Su importancia es comparable a la del evangelista Pablo entre los apóstoles. Las teorías católicas y protestantes tienen sus fundamentos en las teorías agustinianas. Expuso con tesón el rol del libre albedrío en unión con la gracia. Líderes de la Reforma, Martin Lutero y Juan Calvino, fueron profundos estudiosos de Agustín. Había estudiado, muchas las conocía de memoria, las obras filosóficas de Cicerón, Séneca, Varrón, Porfirio, entre otros.

Fue un escritor prolífero y brillante estilista. Algunas de sus obras son Confesiones, La ciudad de Dios, Panteísmo. Él tiene gran importancia histórica en la cultura europea, es el puente entre la Antigüedad y la cultura cristiana. El conocimiento amplio que tiene de Virgilio y Platón influirán en los siglos posteriores, paradigma de ello es Dante Alighieri, en la Divina Comedia. En 430 murió en Hipona, cuando los vándalos asediaron y destruyeron la ciudad.

El germánico Genserico fundó el Reino Vándalo (430-534). Su territorio era sobre el norte de África, la actual Túnez, Marrueco y Argelia; las Islas Baleares, Cerdeña, Córcega y el extremo occidental de Sicilia. La actitud de los vándalos en estas tierras se caracterizó por pillaje, destrucción, hambruna, persecución, asesinatos de cristianos y confiscación de sus propiedades y bienes. Un descendiente de Genserico, el Rey Hilderico (523-530), deseo buscar el apoyo del emperador Justiniano I, se propuso hacer la paz con la iglesia católica africana y restituyó sus posesiones. La nobleza en descontento lo destronó y colocó a uno de los suyos, Gelimer (530-534). Quien intento revertir el proceso de paz con los cristianos. Encontró la derrota y pérdida de su reino ante Belisario, general del Imperio Bizantino, y sus tropas de solo quince mil soldados. La expresión moderna del vocablo vándalo evoca el terror y la rapiña que causaron a los romanos.

Después de esta revisión histórica del universo latino podremos comprender mejor la relación de la frase “Ave imperator, morituri te salutant” con Fidel Castro y su formación dentro de la Iglesia Católica Cubana. La gran mayoría de los tiranos del mundo Occidental han bebido en las fuentes de la edad antigua. Ellos han imitado a los generales tiranos de esa época, en especial Alejandro Magno y Julio César. Otros plagiadores son los terribles personajes cercanos a nuestros días como Maximiliano Robespierre, Napoleón I y Adolfo Hitler.

Castro, durante la etapa de subversión y terror que lo condujo al poder, llevo con orgullo el nombre de Alejandro. Aunque instauró un régimen comunista de corte estalinista en la Isla, nunca olvido los estudios de los tiranos recogido en el párrafo anterior. A lo largo de estas cinco décadas ha usado en sus discursos pocas frases en latín, la mayoría de las cuales son del dictador Julio César. De este, el “Vini, vidi, vinci” (6) que recientemente expuso en una de sus reflexiones. También en otra ocasión redacto una con idéntico matiz lapidario: “Si salgo, llego; si llego, entro; si entro, triunfo”.

Pero la que más recuerdo por su carácter apocalíptico y porque expresa su fracaso y su complejo de inferioridad; es el “Salve, Cesar, los que van a morir te saludan”. Esta frase la utilizó en un discurso ante el Encuentro Internacional de Economistas en La Habana en febrero de 2004 en el cual se refería a una imaginaria invasión norteamericana del país ordenada por el Presidente Bush.

El régimen dictatorial de Castro es similar en conducta represiva al reino de los vándalos. Pues, Castro persiguió, asesinó, encarceló, exilió y confiscó propiedades y bienes de los cristianos en Cuba. El régimen castrense, hundido en su amargo fracaso, busca desesperadamente salvar su nefasto sistema socialista con los dineros de las naciones capitalistas y haciendo las paces con las iglesias cristianas cubanas.

Los Castro y sus acólitos hacen hoy despliegue de su tradicional e ilimitada hipocresía con el fin de engañar una vez mas al pueblo de Cuba. Hasta los cristianos laicos de la Arquidiócesis de La Habana parecen inclinados a creer en la patraña del régimen. Al extremo de que en la revista católica Espacio Laical han urgido al gobierno cubano a que realice cambios sustanciales y transcendentales. En tal sentido, hacen referencia al documento que servirá de base de discusión en la Primera Conferencia Nacional del Partido Comunista de Cuba, a celebrarse en enero de 2012, y le dicen al gobierno que en nuestro país “hacen falta importantes cambios económicos, sociales, políticos, espirituales y hasta simbólicos”. Yo digo que nuestro pueblo necesita cambios radicales e inmediatos y no simbólicos o cosméticos. De esos últimos cambios ya estamos cansados.

De hecho, así como los vándalos no pudieron destruir las bases sociales de la iglesia cristiana y, a pesar de la represión, permaneció un núcleo de oposición política e ideológica a su poder; lo mismo pasará con quienes nos mantenemos fieles al evangelio en nuestra infortunada patria. Nosotros hemos de prevalecer.


Estoy convencido de que el régimen castrista no cambiara hacia una democracia con libertad. Ha demostrado esta resistencia al cambio, a perder el control absoluto sobre el pueblo y sus prebendas, desde que el tirano rechazó las sugerencias de Mijaíl Gorbachov con motivo de su viaje a La Habana en abril de 1989.

Pensar y albergar las esperanzas de que los Castro van hacer profundas reformas es ser pueril e irresponsable. Es pensar que los Castro podrían seguir el ejemplo del tristemente célebre Lucio Cornelio Sila Félix. Este fue uno de los más sobresalientes políticos y militares romanos, cónsul desde 88-80 a.C. y dictador en los años 81-80 a.C.. El único dictador de la historia que, habiendo tomado el poder absoluto por las fuerzas de las armas, renuncio voluntariamente al mismo y volvió a la condición de simple ciudadano.

La conducta contumaz de los autócratas de Birán, siempre me hace recordar la frase del abolicionista y consejero de Abraham Lincoln durante la guerra de Secesión Americana, Frederick Douglass. Aquel hijo de esclavos que alcanzo altas cumbres de conocimiento y sabiduría, dijo: “Déjenme hablarles un poco de la filosofía de las reformas. La historia entera del progreso de la libertad humana muestra que todas las concesiones que se han hecho hasta la fecha a sus augustas exigencias han nacido de la lucha. […] Si no hay lucha, no hay progreso… El poder no concede nada sin una exigencia. Nunca lo ha hecho y nunca lo hará…”

A mayor abundamiento, tengamos presente que Fidel ha bebido hasta el éxtasis del “Mein Kampf” de Hitler. Incluso lo llegó a parafrasear en su “Historia me Absolverá”. Continuamos con la expresión del Fuhrer:
“Los jueces de este Estado pueden condenarnos tranquilamente por nuestras acciones; más, la Historia que es encarnación de una verdad superior y de un mejor derecho, romperá un día sonriente esta sentencia, para absolvernos a todos nosotros de culpa y pecado”. Pamplinas de un loco que fue autor del más horrendo holocausto de la historia.

Yo, por mi parte, estoy convencido de que por sus corazones duros, obstinados y engañosos el dueño de la historia, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. El Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo jamás habrá de perdonar a los Castro sus culpas y pecados.

Salud Emperador, los que van a morir te saludan. Salud, Cesar, los que van a morir te saludan. Suetonio. De vita Caesarum, 5 (Divus Claudius), 21,6.
Combate Naval. Suetoni. De vita Caesarum (Las vidas de los doce césares).
Llegué, vi y vencí.



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